martes, 21 de febrero de 2017

Imposible darle nombre a una experiencia tan bonita.

Basto mirar Caracas desde el balcón de la ultima suite de aquel hotel, para saber que algo bueno se avecinaba contigo.
Tú eres poesía, alegría y nostalgia, sabiduría, pasión, eres un vino exquisito y excelente compañero de conversación, cariño, tú eres París y el suspiro sublime de la vida. 


SIEMPRE NOS QUEDARA  EL CUMBERLAND.

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