lunes, 14 de marzo de 2016

Un momento.

De pronto vas rememorando los acontecimientos de tu vida, los amores, para ser exactos y te das cuenta que has tenido buen sexo, que entre habitaciones de hotel ha quedado tu humedad y pasión, pero el amor no ha hecho acto de presencia en el lugar.
Hay un momento en la existencia  donde el sexo salvaje y obsceno deja de emocionar y comienzas a desear a una persona que te llene los rincones del alma con su luz, que te explote la cabeza con el recuerdo de su sonrisa y que te desnude sin necesidad de quitarte la ropa, una persona que se tome el tiempo para que en la cama sean la composición perfecta, la melodía de la naturaleza, la belleza de los Dioses Griegos, que se tome el tiempo para colmar el corazón de amor, un amor primerizo, inocente y deseoso de más, deseoso de que siempre sea felicidad.

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